domingo, 28 de noviembre de 2010

JUAN FARIÑA

Un hombre subía por el camino en dirección a la mina llevo un saco, con el que tanteaba el terreno delante de sí. Pidió que lo llevaran a presencia del capataz. Desde aquel día quedó Fariña incorporado al personal de la mina. La deferencia con que era tratado por los jefes, le enajenaron las simpatías de sus camaradas. Durante aquellas quince horas de ruda faena arrancaba del filón un número de vagonetas al mínimo reglamentario. Aquello desconcertaba a los más esforzados barreteros. Este hecho robusteció en la crédula imaginación de aquellas sencillas gentes la creencia de que Fariña era un ser extraordinario. Contábase de él que sólo iba a la mina a dormir y que un socio cuyo nombre no se atrevían a pronunciar. Y no era un misterio para nadie que por la noche, cuando quedaba la mina desierta, se oía en la cantera un redoble que no cesaba hasta el alba. Aquel obrero infatigable, del que se hablaba en voz baja. Dos viejos mineros encargados de vigilar por las noches los corredores veían amontonarse el carbón delante del nocturno obrero, cuando de pronto un pedazo  del bloque derribó dos trozos de madera de revestimiento apoyados en la pared, los que al caer el uno sobre el otro, formaron por una extraña casualidad una cruz en el húmedo suelo del corredor. Un estallido atronó la bóveda y un aire azotó el rostro de los dos obreros clavados en el sitio, desapareciendo súbitamente la infernal visión. A la mañana siguiente ambos fueron encontrados desvanecidos en el fondo de una galería, ese instante nadie dudó en la mina de que un tenebroso pacto. Sus vecinos abandonaron sus labores trasladándose a otro sitio. Por aquel exceso de trabajo su cuerpo fue perdiendo de a poco aquel aspecto de fuerza. Un decaimiento se operaba en él, y los obreros que lo observaban atribúyanlo a que el término del nefando pacto debía de estar próximo. Los mineros veían en aquel ciego era un enemigo de la mina misma. De un hombre que tenía pacto con el Diablo. En la semana que precedió a la gran catástrofe, Fariña obtuvo la plaza de vigilante nocturno de aquella sección de la mina donde trabajaba, empleo su desempeño que le era fácil. Ese paraje había sido siempre objeto de vigilancia. Situado debajo del mar. Seis de aquellos pilares estaban perforados a la altura de un metro. Con ayuda de la barrena quitó el ciego la arcilla que disimulaba los agujeros, y con la calma largo tiempo meditada, introdujo en cada uno de ellos un cartucho de dinamita. Después se inclinó de nuevo, en su mano derecha había un fósforo encendido y un reguero de chispas recorrió el suelo. El personaje retrocedió por el camino que había traído, quedándose inmóvil con los brazos cruzados en medio del corredor. Los trabajadores acudían y se agrupaban consternados en torno del pique, contemplando silenciosos a los ingenieros que por medio de sondajes comprobaban el desastre. El agua de mar llenaba toda la mina y subía por el pozo hasta quedar a cincuenta metros de los bordes de la excavación. El nombre de Fariña estaba en todos los labios, y nadie dudó un instante de que fuera el autor de la catástrofe.
-Tipo de narrador: omnisciente
-Personajes:
  *Protagonista:
    • Juan fariña: viejo, ciego, bajo, habil y esforzado.
  *Personaje secundario:
   • Mineros: viejos e inútiles, leales.
-Espacios:
  *Espacio físico: interior de la mina.
  *Espacio psicológico: tristeza y preocupación.

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